“Llaman ‘ideología’ a los avances en reconocer derechos”

Esta breve entrevista apareció en el Boletín Especial por el Dia de la Mujer “Cómo vamos las mujeres en el mundo”, publicado por la Asociación Latinoamericana de Organizaciones de Promoción al Desarrollo-ALOP, una asociación de organizaciones no gubernamentales de desarrollo.

¿Cómo evalúa la representación femenina en el Parlamento peruano y la representación parlamentaria en relación a la agenda de derechos de las mujeres?

Justo hoy el portal Convoca.pe publicó un reporte en el que revela que solo 2% de los proyectos de ley presentados en este período en el Congreso peruano, son proyectos que alientan los derechos de la mujer. Solo veinte iniciativas de más de 800 están relacionadas con la igualdad de género y la prevención de violencia contra la mujer. Once de ellas son a propuesta de mujeres congresistas, que somos 36/130. Sin duda la cifra llama la atención, porque venimos de un ciclo muy fuerte de demanda ciudadana por una mayor sensibilidad frente a la situación de las mujeres, y toda la estadística refleja que la violencia de género, el feminicidio y la discriminación por orientación sexual, están entre los más graves problemas de convivencia ciudadana.

Pese a que este Parlamento inició sus funciones casi en paralelo con la organización de la movilización Ni una menos –miles en las calles rechazando la violencia hacia la mujer– eso no se ha reflejado en el mismo nivel en propuestas legislativas ni en políticas que se puedan fiscalizar desde el Congreso en favor de las mujeres. Ello en parte porque el Congreso peruano no es muy atento a las demandas cotidianas de la gente, es pobre en representación ciudadana, y también porque hay mucho conservadurismo y ante cualquier avance en derechos de las mujeres, inmediatamente los medios y las iglesias reaccionan presionando a las autoridades. Ni siquiera hemos podido debatir, no estamos hablando de aprobar siquiera, sino de debatir leyes para permitir el aborto en casos de violencia sexual. Se quiere parar el reconocimiento de crímenes de odio y aún hay quienes reniegan que se reconozca el feminicidio como delito específico. Estas presiones conservadoras a veces se encuentran con crisis políticas, y terminan rebasándolas. Ocurrió recientemente con el Ministro de Educación, al que el fujimorismo quiso ver fuera del cargo para presionar al gobierno. Para eso apelaron a varios pretextos: primero, falta de decisión para avanzar en su plan de trabajo (razón por la que lamentablemente nunca se ha destituido a nadie en el Perú); luego aparente corrupción, y al final se encontraron con que el plan educativo supuestamente promovía una “ideología de género”, que es como en América Latina se está llamando falsamente a cualquier avance en reconocimiento de derechos de las mujeres y de la comunidad GLBTI. Fue un argumento prestado de un sector ultrafundamentalista y antiderechos que trajeron para una finalidad política y se les terminó por ir de las manos. Es esta combinación de irresponsabilidad, prejuicios y activismos conservadores la que representa el principal freno para la agenda de derechos de las mujeres en Perú.

¿Cuál es su lectura sobre las disputas y las movilizaciones ciudadanas masivas en el Perú en el último período (Ni una menos-Con mis hijos no te metas)?

En el Perú tenemos una serie de herramientas de política pública que reconocen el enfoque de género y que buscan que el Estado se mueva hacia metas de reducción de desigualdad y discriminación. Aunque tienen muchas limitaciones para avanzar, la ley faculta a los gobiernos locales a contar con planes de igualdad. El Viceministerio del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables cuenta con tres direcciones nacionales (de Igualdad de Género y No Discriminación, de Transversalización del Enfoque de Género, y la Dirección Nacional Contra la Violencia de Género) construidas plenamente sobre ese enfoque. La Ley 30364, para prevenir, erradicar y sancionar la violencia contra las mujeres y los integrantes del grupo familiar, cuenta con una definición de enfoque de género, que no es otra cosa que el reconocimiento de las relaciones asimétricas entre hombres y mujeres. Muy puntual. Y así en todo el Estado y sus políticas públicas algo se ha avanzado en incorporar esta noción para reconocer derechos y dar servicios.

Entonces, lo que está ocurriendo en la sociedad peruana es que las movilizaciones ciudadanas masivas de los últimos años expresan tendencias respecto a estos avances. De un lado está “Ni una Menos” –referente impulsado por mujeres– que motivado por casos de feminicidio y desidia ante el feminicidio, demanda al Estado más atención ante la violencia y la discriminación; demanda al sistema judicial mayor sensibilidad, y demanda a las empresas y organizaciones mayor conciencia sobre la vulnerabilidad de las mujeres. En una escala menor pero más persistente en el tiempo, están las organizaciones feministas, las activistas de derechos y los colectivos movilizados por la igualdad (que en Lima funcionan en barrios de origen popular). Y por otro lado, están quienes quieren revertir y detener este avance en la conciencia de la sociedad. Están los católicos conservadores y los partidos de derecha tradicionales con la llamada “Marcha por la vida” que se opone al derecho a decidir y al uso de métodos anticonceptivos; rebasándolos a ellos están los fundamentalistas de confesiones evangélicas, aliados con políticos populistas y parte del fujimorismo, que plantean que no debe impartirse educación sexual en las escuelas y a partir de esa idea han levantado miedos con su campaña “Con mis hijos no te metas”.

Estos movimientos expresan ideas y prácticas de odio ya no solo contra las mujeres, sino también contra la comunidad GLBTI y siguiendo una ola internacional están atacando al Estado y llamando al enfoque de género y a los avances al respecto, “ideología de género”. Lamentablemente, un sector importante de la política y de ello no escapa el congreso, son permeables a estas demandas, en parte porque temas como derechos de las mujeres, derechos sexuales y reproductivos, la violencia doméstica, siempre se han considerado temas secundarios por los partidos; en parte porque en esos mismos partidos hay una cultura misógina y homofóbica muy arraigada.

En la conmemoración del 8 de marzo en Perú, ¿cuál es su balance de la agenda de derechos de la mujer y cuál es su agenda para su período parlamentario?

En el período 2016-2017 me desempeño como presidenta de la Comisión de la Mujer y Familia del Congreso de la República. Allí trabajamos en fiscalizar el cumplimiento de la Ley 30364, ley para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres y los integrantes del grupo familiar, que es recién del año 2015 y requiere mucho apoyo para que sea la clave en la lucha contra el feminicidio y la impunidad. En esa línea, en la discusión del presupuesto público hemos propuesto la creación de un Programa Presupuestal para luchar contra la violencia, porque necesitamos reforzar la labor de instituciones y profesionales en la prevención, la investigación y la protección de la vida y la salud de las mujeres, en especial de las víctimas y las sobrevivientes. La iniciativa no fue aprobada, pero este año insistiremos.

Otra línea de trabajo es la mejora de las condiciones para la participación de las mujeres en política, con énfasis en una reforma electoral para lograr la igualdad y desterrar el acoso político, con mecanismos como la paridad y la alternancia. En mi despacho hemos presentado los proyectos de ley para modificar la sanción penal frente a los actos de violencia contra las mujeres e integrantes del grupo familiar; la ley para despenalizar el aborto en casos de violación sexual; la ley para para prevenir, sancionar y erradicar el acoso político contra las mujeres; la ley de identidad de género; la modificación del código penal para tipificar el delito de trabajo forzoso; la ley para reconocer el derecho a salas-cuna y guarderías; y la iniciativa para el reconocimiento de derechos a las mujeres trabajadoras del hogar. Es una agenda grande, pero muy enfocada. La izquierda tiene un número importante de parlamentarios y parlamentarias, pero está en un Congreso con muchas resistencias. Pese a ello, nos hemos propuesto que el Congreso juegue un rol en reconocer las demandas y resolver los problemas que las mujeres enfrentan y que su mirada vaya más allá del rol tradicional de las mujeres, con miras a que apunte a temas como la autonomía económica, el desarrollo profesional y la participación política. El país está cambiando y queremos ser parte de ese cambio.

Imágenes:

  1. Archivo del Congreso de la República
  2.  Foto de Renato Pajuelo en Fotoperiodistas La República en Facebook
  3.  Foto de Renzo Salazar en Peru21